miércoles, abril 17, 2013

El paisaje del agua


Han bastado sólo tres días de sol y dos salidas al campo para que se diluya el recuerdo de varios meses pasados por aguas y nieves continuas, por días sin brillo, por un tiempo cuyo único objetivo parecía ser condenarnos al aburrimiento. La lluvia ha sido la compañera tediosa e inseparable que nos ha entregado el invierno, a veces gotas, a veces copos, y que parecía no querer abandonarnos nunca. Pero de repente el sol, que no quería saber nada del noroeste, como un hijo pródigo ha regresado y nos ha dado el abrazo que ya no esperábamos. Y de repente también hemos descubierto que todo el agua del invierno y la primavera estaba ahí, haciendo tiempo, ensayando en los torrentes y pequeños ríos de estos valles perdidos, para que cuando llegasen estos días serenos y luminosos nuestros ojos se dejasen vencer por la sorpresa que siempre produce el paisaje del agua.


Y ese paisaje del agua se mostraba ayer en el valle de Vachera: praderas amplias y hermosas, el río Tuerto sin parche en el ojo, desbocado, el agua bajo los pies en las turberas, los narcisos y los crocus adornándolo todo, los neveros tomando el sol de la tarde.







 Y ese paisaje del agua se dejaba ver hoy en la braña de Orallo: con el río rebelde mientras atravesaba rápido la Vega de Marietes y violento en la Poza de la Mucheda, con arroyos locos en cualquier vaguada, con cascadas en los lugares más inesperados, con los narcisos otra vez ajardinando los pastizales, con la paz del ganado al sol entre las húmedas praderas, con la nieve que resiste impoluta en las crestas más altas.










 Llegó el paisaje del agua, aquél que nació en los días que parecían condenarnos al aburrimiento, y nos dejó, otra vez, perplejos.

No hay comentarios: